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Tareas previas

Estamos en plena campaña de plantación del tomate, el producto estrella del verano y por el que nos pasamos suspirando el resto del año. En primer lugar, si ya tenemos el huerto listo y preparado para empezar a acoger los productos de la época estival, tendremos que elegir las variedades de tomate que mas nos gustan y que mejor se pueden adaptar a la climatología en que nos encontramos.

Si no tenemos mucha experiencia en el cultivo de tomate, aconsejamos empezar por las variedades más sencillas, como tomates cherry. Hay que tener en cuenta que cuanto más grande es el tomate más cuidados y necesidades tiene, por lo que  más complicado resulta su cultivo.

En el huerto es interesante alternar distintas variedades para asegurarnos que vamos a tener una buena producción, por si alguna variedad no funciona demasiado bien en nuestro terreno. Las variedades Tudela, Tres Cantos y Zaragoza funcionan muy bien en el valle del Ebro, no son demasiado exuberantes pero es una buena opción. Si preferimos un tomate carnoso, podemos decantarnos por el tomate Rosa, y si optamos por uno un poco menos carnoso y fácil de cultivar puede ser tomate Raf.

Cómo y dónde plantar

A mediados de abril es la época ideal para comenzar con la plantación del tomate que hemos sembrado previamente en semillero. Sin embargo, si nos alejamos hacia el Norte o el Sur de Aragón, tendremos que esperar un poco ya que en estas zonas todavía no hace suficiente calor como para cultivar esta planta.

Y a la hora de plantar, en primer lugar debemos buscar el sitio del huerto en el que la planta vaya a recibir el mayor numero de horas de sol diarias posible y preparar una tierra rica en nutrientes: una buena medida pueden ser 30 litros de estiércol por metro cuadrado antes de empezar a plantar. En cuanto al marco de plantación lo ideal es un marco de plantación de 60x60 (incluso 60x80, ya que las plantas van a crecer mucho).

Si vamos a plantar distintas variedades lo mejor será colocar las mismas variedades enfrentadas en el caso de que hagamos filas, ya que así a la hora de encañar va a resultar más sencillo. En el momento en que hagamos la plantación hay que regar bien y en abundancia (sobre todo en el valle del Ebro hay que tener en cuenta que el Cierzo junto con el sol puede resecar bastante las plantas).

Una vez que ponemos las plantitas, es conveniente colocar ya una pequeña caña (no será la definitiva), de unos 30 cm, con el fin de dar soporte a la planta,  hasta que agarre bien en el terreno. Cuando ya empiezan a crecer y vemos que ha arraigado bien, entonces será el momento de encañar las tomateras con una estructura de cañas con una altura aproximada de unos 1,80 m.

La colocación de las cañas será enfrentada y cruzadas en vertical, a modo de tienda de campaña (cruzadas en la parte superior que debemos anudar). A unos 30 cm de altura pondremos una caña en horizontal y otra en la parte de arriba para que de peso y tenga más estabilidad toda la estructura.

Conforme la planta del tomate vaya creciendo la tendremos que ir atando nosotros a la caña, pero no conviene hacerlo demasiado fuerte para no dañarla.

Cuidados del tomate

Entre los cuidados que debemos tener con el tomate, destaca la poda. Se trata de  una pequeña poda. En las axilas (el tomate tiene una guía principal y unas hojas laterales, la axila es justo debajo de estas hojas ) salen unos pequeños brotes (o chupones) que debemos quitar. Es muy sencillo y podemos hacerlo con nuestras propias manos. Estos chupones salen frecuentemente y provocan que la planta pierda vigor, ya que absorben savia de la planta. Desde la parte de abajo tenemos que intentar no dejar una sola guía, sino dos, ya que así conseguiremos que los tomates que salgan sean de mayor tamaño.

Como cuidados adicionales podemos podemos pulverizar en la planta un purín de ortiga, que incluso que lo podemos hacer nosotros mismos. Tiene efecto insecticida natural, porque a los insectos no les gusta nada; y además tiene efecto fortalecedor aportando a la planta una ración extra de nitrógeno.

Cómo hacer el purín de ortiga: Necesitamos la proporción de 1 kg de ortiga para 10 litros de agua. Lo dejamos fermentar y en el plazo de una semana, cuando haya dejado de emitir las burbujas propias de la fermentación, lo colamos y podemos empezar a aplicarlo en la planta a un 10% en agua mediante riego. Pero si lo vamos a pulverizar sobre las hojas, la disolución deberá ser en una proporción del 5% y siempre al atardecer, para que no se dañen las hojas con el sol. El concentrado conviene conservarlo en un contenedor opaco para no le de la luz.

 

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Llega el mes de abril¡con aguas mil!

Cada vez empieza a hacer mejor tiempo como ya nos indica el mercurio, así que cada vez hay menos posibilidades de bajadas muy bruscas de temperatura. Aún así, conviene estar muy vigilantes y a la menor sospecha de temperaturas muy bajas protegeremos nuestros cultivos: una buena opción son las garrafas de plástico. Pero también puede que empiecen a subir las temperaturas, así que habrá que cuidar que los semilleros protegidos tengan una buena ventilación, ya que tampoco es recomendable un exceso de calor.

 

 

Es un buen mes para llevar a cabo tratamientos contra plagas, como el pulgón. Para ello, podemos recomendar alguna de las recetas de nuestros hortelanos, como el purín de ortigas.

 

Siembra

A lo largo de todo el mes podemos sembrar calabacín, espinaca, judía, melón, pepino, rábano, sandía y zanahoria. La calabaza, mejor durante la primera quincena; y la borraja durante la segunda.

 

Trasplante

Este es un mes muy propicio para realizar trasplante, y podremos decantarnos por acelga, apio, boniato, cebolla de Fuentes, lechuga y tomate. Si vamos a trasplantar col, preferiblemente durante la primera quincena, dejando para la segunda otros cultivos, como berenjena, calabaza y pimiento.

 

Cosecha

Tenemos por delante un mes muy propicio para empezar a recoger frutos… a lo largo de todo el mes ya podremos degustar ajos, ajos tiernos, alcachofas, escarola, guisante, lechuga, rábanos y zanahorias. Durante estos primeros días del mes también recogeremos habas y borraja y en las dos últimas semanas se unen a la cosecha los espárragos y las fresas.

 

Cuidado con las lluvias de abril

Si, como indica el refranero popular, este mes es lluvioso, conviene que estemos vigilantes al acecho de los caracoles y babosas, ya que pueden dañar nuestros cultivos.

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Si habéis hecho bien los deberes y habéis cumplido la planificación, ha llegado el momento de plantar los calabacines que hemos tenido en semillero desde mitad de enero, aproximadamente. Han pasado los meses de más frío y ahora llega el momento de trasplantarlos en el huerto.

Es un cultivo muy sencillo, perteneciente a la familia de las cucurbitáceas. Y crece mucho, así que tenemos que plantarlo con una separación importante, de unos 80-90 centímetros. Además, vamos a tener esta planta bastante tiempo en el huerto, ya que es probable que nos aguante hasta entrado el mes de octubre

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¿Qué cuidados necesita?

El calabacín no necesita excesivo cuidado. Es un cultivo muy sencillo, pero deberemos prestar especial atención al riego: le gusta la humedad pero no tolera la tierra encharcada. Además, a la hora de regar tendremos que cuidar de no mojar las hojas, sino únicamente la tierra, ya que el calabacín es muy sensible a los hongos en hoja. Además, si mojamos las hojas en pleno verano podemos provocar quemaduras a la planta.

De esta manera, lo ideal es que cuando reguemos, posteriormente piquemos un poco la tierra para que el agua vaya filtrando hacia abajo y así eliminemos el riesgo de encharcamiento

Si a pesar de haber tenido estos cuidados, nuestra planta ha sido víctima de los temidos hongos podemos realizar un tratamiento muy sencillo: en primer lugar, debemos suspender el riego durante unos 10 días, aproximadamente, y quitar con cuidado lasque estén dañadas ayudándonos con unas tijeras. Además, podemos completar el tratamiento con un diluido de leche entera al 10% en agua. Pulverizamos las hojas al atardecer cada siete días, más o menos. 

La cosecha

Lo mejor es coger el calabacín cuando está tierno, sin esperar a que el fruto se haga excesivamente grande ya que, de esta manera, pierde sabor y se paraliza la producción. Si no recogemos el fruto, la planta no produce nuevas semillas, así que si cogemos el calabacín cuando está tierno, la planta seguirá produciendo.