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Mizuna: cultivos que llegan del lejano Oriente

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La mizuna es originaria de Japón, y aunque se hizo muy popular en el Norte de América, hoy en día se consume ya en todo el mundo. En España estamos más habituados a consumirla en mix de lechugas. Es de aspecto y sabor similar a la rúcula, añadiendo algo de picante

Es una gran fuente de vitaminas A y C, y posee propiedades antiinflamatorias y antioxidantes, y también es rica en vitamina K, que es la responsable de la mineralización de los huesos. La mizuna solo tiene un pero y está dirigido a pacientes con tratamientos de anticoagulación, ya que por su elevado nivel de vitamina K (que también ayuda a la coagulación de la sangre) se recomienda NO consumirla más de dos veces a la semana.

Las hojas más pequeñas suelen ser habituales de las ensaladas, especialmente en mezclas de variedades; sin embargo, las hojas más grandes suelen utilizarse más como acompañamientos en salteados de verduras o bien para la elaboración de salsas, muy apropiado por su ligero sabor picante, un poco similar a la mostaza.

CULTIVO

En cuanto al cultivo, también da muchas satisfacciones, ya que se trata de una hortaliza fuerte y resistente tanto al calor como al frío. Prefiere suelos ligeramente ácidos, y ricos en nitrógeno, como todos los cultivos de la familia de las brasicáceas.

La siembra se realiza, preferiblemente, en primavera-verano, y habrá que protegerla bajo plástico durante la época de más frío. En el valle del Ebro necesitará estar mínimamente protegida del Cierzo y de temperaturas por debajo de 0 grados. Podemos sembrar directamente sobre el terreno, regando ligeramente, posteriormente: hay que tener en cuenta que las semillas son muy pequeñas, por lo que no habrá que cubrirlas demasiado y el riego inicial tendrá que ser ligero. Si hemos hecho bien los deberes, podremos empezar a ver la germinación en el plazo de 3-4 días.

En unas tres semanas podremos empezar a consumir las primeras hojas destinadas para ensaladas; para tener hojas grandes tendremos que esperar un poco más. La planta puede llegar a una altura de unos 35-40 centímetros, pero lo ideal es recoger sus hojas cuando alcanzan los 20 centímetros. Es mejor coger las hojas que se necesitan, en lugar de arrancar la planta entera ni cortar el tallo central, ya que de esta manera nos aseguramos de que vayan brotando nuevas hojas y podremos seguir consumiendo durante más tiempo.

En cuanto a los riegos, le gusta la humedad pero sin llegar a encharcamientos. Precisamente, el riego será una de las cosas que más habrá que vigilar en épocas de calor.

 

 

 

 

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